Del socialismo al sindicalismo revolucionario. La UGT argentina, 1903-1906

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Del socialismo al sindicalismo revolucionario. La UGT argentina, 1903-1906
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  DEL SOCIALISMO AL SINDICALISMO REVOLUCIONARIO. LA UGT ARGENTINA, 1903-1906 Alejandro Andreassi Cieri Universidad Autónoma de Barcelona La aparición de una corriente sindicalista revolucionaria en Argentina en los primeros años de este siglo confirma el alcance internacional de aquel movi- miento, pero también constituye un ejemplo de la variedad de situaciones que le dieron srcen en cada contexto regional o nacional.' El caso argentino cons- tituye, de este modo, un campo de observación de una variante local de las res- puestas ensayadas tanto en Europa como en los EE.UU. para afrontar los pro- blemas que le planteaba al movimiento obrero de cuño socialdemócrata la amplitud adquirida por el movimiento huelguístico en el cambio de siglo, con su impacto sobre el acontecer político, la propuesta de la huelga general como alternativa revolucionaria y las nuevas relaciones que se derivaban entre parti- do socialista y sindicatos o la actitud del movimiento obrero frente a las institu- ciones del estado. Especialmente en estos últimos dos campos, la adopción de las tesis y principios del sindicalismo revolucionario por un núcleo de militantes obreros argentinos sería el resultado de la adaptación doctrinaria a las nuevas condiciones impuestas por la oleada de huelgas iniciada con la primera huelga general en noviembre de 1902 y el recurso reiterado al estado de sitio por parte del gobierno conservador, de una tendencia tradeunionista o laborista que se 1. Para una síntesis a nivel internacional del sindicalismo revolucionario ver Marcel van der Linden y Wayne Thorpe, Auge y decadencia del sindicalismo revolucionario , Historia Social, no 12, Invierno 1992, pp. 3-29. Estos autores identifican a la FORA como la organización argentina sindi- calista revolucionaria, aunque, como se verá a lo largo de este artículo surge de las filas de la UGTA, supongo que su afirmación se debe a que engloban dentro del espectro sindicalista revolucionario a las tendencia anarcosindicalistas, con las que se identificaba la FORA, cuya dirección estaba hegemonizada por militantes libertarios.  remonta a los orígenes del movimiento obrero organizado de inspiración social- demócrata en Argentina. Creo que ambos términos son adecuados porque evo- can cierta identidad en algunas sociedades de resistencia argentinas con la organización del movimiento obrero británico y su particular articulación con la actividad política, al sostener, como lo habia hecho la Federación de Trabajadores de la Región Argentina en 1891 que la forma genuina de organi- zación obrera era la federación de las diferentes sociedades de resistencia, quienes articularían una representación política de los intereses obreros, pos- tura que sería refrendada por la Federación Obrera Socialista Colectivista, cre- ada en 1899 para manifestar su rechazo al papel dirigente del movimiento obre- ro que pretendía atribuirse el recién fundado partido sociali~ta.~ ara estas fede- raciones un partido socialista sólo podía ser una de las alternativas instrumen- tales de la acción política, ya que esta podía residir en la misma federación obrera, donde las diversas sociedades de resistencia que la constituían debí- an conservar el máximo grado de autonomía. Esta tendencia era advertida en los máximos niveles dirigentes del recién creado partido socialista, cuando Juan B. Justo, ya en su mensaje a los delegados en el congreso constituyen- te del Partido Socialista Argentino (PSA) en 1896, dejara bien claro que el modelo de referencia para los socialistas argentinos debía ser la socialdemo- cracia alemana.3 Los días 7, 8 y 15 de marzo de 1903 se realiza el congreso constituyente de la Unión General de Trabajadores (UGT). Su constitución como organización sindical afín a las posiciones del Partido Socialista Argentino respondía a la intención del Comité de Propaganda Gremial constituido por aquellos sindica- listas socialdemócratas alejados de la Federación Obrera Argentina (FOA) des- pués de su segundo congreso. Aquel comité se habia constituido en mayo de 1902 con los representantes de las sociedades obreras disgustados con el pre- dominio anarquista en la FOA.4 Las deliberaciones fueron presididas, entre 2. En este sentido es elocuente el comentario de Jacinto Oddone, conspicuo militante socialista, al criticar las intenciones de estos precursores de la organización socialdemócrata: "...durante las discusiones del Congreso [se refiere al de la constitución definitiva de la Federación de Trabajadores de la Región Argentina, en agosto de 18911 al fundar su proposición de adopción de un programa ((análogo al de los partidos obreros europeos)), su autor, el ciudadano Kuhn, se habia referido a las Trade Unions inglesas, expresando su deseo -que fue luego el del Congreso- de que la Federación Obrera tuviera una organización semejante a aquéllas, sin advertir la diferencia de medio y de educación politica de los trabajadores de este país, comparados con aquél y a la acción negativa de los elementos anarquistas, que pondrían todo su empetio en perturbar esos sanos pro- pósitos", Historia del socialismo argentino, Buenos Aires, Talleres Gráficos "La Vanguardia", 1934, T l o 1 50 .. 8 r 3. La Vanguardia, "El primer congreso Socialista Obrero Argentino", Buenos Aires, 4 de julio de 1896. Para Justo la estrecha orientación sindical y economicista del movimiento obrero inglés era la causa de su estancamiento y atraso en relación a las pujantes organizaciones alemanas. 4.Sebastián Maroíta, El movimiento sindical argentino, Buenos Aires, Ediciones Lacio, 1960, pp. 129-132. En el congreso fundacional de la UGT estaban presentes 22 organizaciones de la Capital Federal y 19 del interior del país. Las sociedades de resistencia de la ciudad de Buenos Aires eran: Bronceros, Marmoleros, Unión Confiteros, Toneleros, Pintores, Metalúrgicos, Laminadores, Unión Gremial Femenina, Constructores de Carruajes y Carros, Talabarteros, Mimbreros, Ebanistas, Unión Cocheros de Buenos Aires, Picapedreros, Liga lnternacional de Domésticos, Centro lnternacional de Mozos de Hoteles y Confiterías, Carpinteros Unidos de la Boca, Fundidores Tipográficos, Centro Cosmopolita Obrero de Flores; Obreros en General y Trabajadores del Libro;  otros, por Francisco Cúneo, quien había participado en 1899 en la constitución de la Federación Obrera Socialista Colectivista primera escisión del partido socialis- ta, y Alejandro Mantecón, quien se destacaba por su crítica acerba a la interven- ción de los anarquistas en la FOA y la huelga general de noviembre de 1902.5 Las resoluciones adoptadas eran del todo esperables en la Iínea de los plan- teamientos sostenidos por el PSA y el Comité de Propaganda Gremial en los últimos tiempos. Se condenó la sanción de la Ley de Residencia, recomendan- do que la clase obrera empleara todos los medios de lucha a su alcance para lograr su derogación. Sobre la huelga general, que había sido el método pro- puesto por la otra federación obrera como el de máxima eficacia para respaldar los objetivos de los trabajadores, el congreso resolvió que debía promoverse cuando existieran garantías organizativas suficientes para asegurar su triunfo y como recurso defensivo de la clase obrera frente a una agresión directa de los patronos o las autoridades políticas, pero rechazaba su utilización con fines insurreccionales que podían provocar una reacción de las clases dominantes que provocaría graves daños a los trabajadores. En cambio la resolución sobre el boicot, el otro método de lucha tan en boga en ese momento, era claramen- te favorable aunque sometía su declaración a la decisión de la central obrera. Proponían la abolición del destajo y la obligación de los obreros de adquirir sus herramientas de trabajo -las que debían correr a cuenta del empresario. Esta última resolución no sólo es otra indicación del peso de los trabajadores de ofi- cio en la UGT, líderes en su constitución, sino también de la situación en que desempeñaban su trabajo varios gremios hasta el punto de constituir un factor de gravitación en algunos conflictos en los que la retirada de sus herramientas por los huelguistas constituía una medida de presión adicional sobre los patro- nos, como sucedería en el caso de las huelgas de ebanistas y torneros en madera durante 1904. Se declaraban a favor del arbitraje, mientras que no se definían claramente sobre cooperativas y sociedades mutuales, dejando en libertad a las sociedades afiliadas para decidir sobre su constitución. La discusión sobre la legislación laboral es el punto del congreso donde se insinúan divergencias y puntos oscuros en la entente entre la sociedades que constituían la UGT y la Iínea oficial del PSA, y rompe lo que hasta el momento parecía un refrendo de la Iínea doctrinaria de la socialdemocracia argentina. De las dos resoluciones presentadas a debate y votación, la primera fue de Adrián Patroni y proponía la intervención de la clase obrera en la lucha política, man- teniendo la independencia de la esfera gremial, mediante su apoyo electoral a los partidos que consignaran en su programa la obtencidn de leyes favorables a los asalariados, sin nombrar al PSA. En cambio, la segunda, presentada por Vidal, Armas y Torcelli (este último era el que había dado el pretexto para la Partido Socialista Argentino, Movimiento Socialista y Obrero, Buenos Aires, 191 0, pp. 157-1 58. De las sociedades presentes en el congreso las de ebanistas, marmoleros y talabarteros habían for- mado parte de la FOA y se encontraban entre las que se habían retirado en su 1I0Congreso. 5. Ambos constituirían, junto a Basilio Vidal, Cecilia Baldovino, Felipe Gauna, Luis Poggi y José Cortenova la primera unta ejecutiva nacional de la UGT, Rubens Iscaro, Historia delmovim~ento m- dical, Buenos Aires, Editorial Fundamentos, 1973, p. 112.  escisión en el 11 Congreso de la FOA, al rechazarse su credencial), que plan- teaba una interlocución directa entre los trabajadores y el poder estatal para obtener esas leyes, fue significativamente la apr~bada.~ a diferencia no era semántica porque excluía potencialmente el papel del partido socialista como mediador y representante de los trabajadores en las instituciones estatales, y sólo como instrumento auxiliar de la acción sindical. Sin embargo tampoco pare- cía dictada por alguna remota influencia anarquista ya que afirmaba la necesi- dad de interlocución con los poderes ejecutivo y legislativo. La polémica esta- ba servida y reflejaba una heterogeneidad de origen en la formación del partido socialista mucho más pronunciada que la que sus principales dirigentes estaban dispuestos a aceptar. Eran años de debate en el PSA, heredado en parte de la primera y transito- ria escisión de la Federación Obrera Socialista Colectivista, pero acrecentado por el cúmulo de acontecimientos en que se había visto inmerso el movimiento obrero desde aquel suceso. En líneas generales podían identificarse tres corrientes o tendencias en su seno, que también se reproducían en la UGT. Una de ellas, heredera directa de esa federación, priorizaba la actividad en el ámbi- to gremial respecto a la acción política defendiendo celosamente la autonomía de las sociedades obreras frente al partido socialista y tenía una presencia mayoritaria en la recién constituida UGT. En el extremo opuesto se hallaba aquella que invertía los términos de las prioridades y consideraba que la acción societaria debía ser un campo de propaganda y difusión de los objetivos políti- cos del PSA, sin descuidar obviamente la reivindicación de mejoras inmediatas para los trabajadores -cuya obtención formaba parte de esa actividad de difu- sión de los principios del socialismo y que dominaba el aparato político del PSA. Entre ellas se encontraba otra, que a fuer de ecléctica criticaba el economicismo lato de los primeros y el reformismo en que había caído la propuesta política socialista centrada casi exclusivamente en la lucha electoral. Esta última sería el vehículo, todavía poco evidente en el momento de fundación de la UGT, de las tesis que se difundían con fuerza en el movimiento obrero europeo principalmente el de Italia y Francia- y norteamericano que constituían el deno- mi nado sindicalismo revolu~ionario.~ En 1903 comienzan a reproducirse en la prensa obrera argentina artículos en los que se debate sobre tendencias que se dibujaban en el Partido Socialista Italiano, a raíz del surgimiento de una corriente que proclamaba la superioridad de la lucha sindical sobre la político-parlamentaria y ponía en cuestión la línea oficial defendida por Filippo Turati, catalogada como reformista. La presencia frecuente de la polémica en las páginas del órgano principal del PSA -La Vanguardia- revelan la existencia, más allá del propósito de difundir y reflexio- nar sobre aspectos teóricos del socialismo europeo, de corrientes de opinión 6. S. Marotta, El movimiento sindical argentino, Buenos Aires, Ediciones Lacio, 1960., pp. 156-1 57. 7 Edgardo Bilsky, La E0.R.A. y el movimiento obrero 1900-1910), Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1985, pp. 128-129.  dentro del PSA que seguían con interés los planteamientos de la izquierda revo- lucionaria italiana. A ellos no era ajena la intervención intermitente de Walter Mocchi en Buenos Aires, quien como partícipe de la corriente que lideraba Arturo Labriola, intervenía en el debate del socialismo argentino. Sin embargo el impacto de las intervenciones de Mocchi puede medirse más por las reaccio- nes que produjo que por sus intervenciones en la vida del partido, su caso no es el de Pietro Gori o el de Enrico Malatesta -respecto al anarquismo argenti- Lo que centraba el debate en el momento inmediatamente posterior a la constitución de la UGT era una crítica a la primera de las corrientes citadas - economicista o corporativista, según el lenguaje de la época-, reflejando la preo- cupación existente entre los miembros del socialismo político por el peso que detentaban en la UGT- y que quedaba reflejado en la resolución aprobada sobre la acción del movimiento obrero para la sanción de leyes laborales. Uno de los críticos más destacados era Bartolomé Bosio, quien se integraría posterior- mente en la corriente identificada con el sindicalismo revolucionario, quien rechazaba la idealización de las huelgas que hacía el gremialismo socialista - como los recursos más eficaces para obtener las reivindicaciones obreras, desechándola en los términos habituales de la ortodoxia del socialismo argenti- no por arriesgadas e ineficaces para los propios trabajadores -aunque fuera un metodo genuino, 'El método corporativista crea ilusiones sobre el alcance de la lucha gremial; el obrero se acos- tumbra á ver en él la panacea de todos los males sociales; á considerar la huelga como el arma non plus ultra (cuando en realidad los resultados que ella dá son de relativa eficacia) y por lo tanto á hacer de ella un uso inmoderado, lo cual equivale á sufrir frecuentes derrotas que perjudican enormemente á la organización. La resistencia que hallan exaspera á los huelguistas que fácil- mente se violentan, lo cual es debido á que el obrero educado en ese método cree que la huelga le debe dar la victoria y no comprendiendo el porqué de la resistencia á sus reclamos (su campo de comprensión es restringido) ve en la persona del capitalista el autor de la resistencia, por capri- cho ó maldad, cuando por lo contrario sabemos que el ceder ó no á las reclamaciones está en el juego de factores económicos que escapan á la buena ó mala voluntad del empresari~'.~ La polémica continuaría luego, con ocasión del V Congreso del PSA, cele- brado durante los días 8 y 9 de julio de 1903, renovando la condena de la con- vocatoria de la huelga general por la FOA en noviembre del año anterior, la que servía para ratificar el modelo huelguista promovido por el partido 8. El debate principal se produjo en julio y agosto de 1903, poco después del lo Congreso de UGT, pero no tiene continuidad posterior, La Vanguardia, Conferencia Walter Mocchi , 4 de julio de 1903; La tendencia anarcoide de los socialistas revolucionarios , 1 de agosto de 1903 -dura crítica a la exposición de Mocchi) y A propósito de las dos tendencias y ... de otras tontunas , 1 de agos- to de 1903 (réplica de Mocchi al artículo anterior, firmado con seudónimo, que en socialista italiano atribuye a la dirección del PSA, y Mengano y los revolucionarios. A Walter Mocchi contrarréplica al Último artículo de Mocchi en el que se considera sus posturas correspondientes al anarquismo, no al socialismo y donde se reivindica la posición de Filippo Turati. Sobre la actividad de Enrico Malatesta y Pietro Gori en el anarquismo argentino, ver Gonzalo Zaragoza, Anarquismo argentino (1876-1902), Madrid, Ediciones de la Torre, 1996. 9. B. Bosio, Los socialistas y la organización económica , La Vanguardia, 4 de julio de 1903.
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